Brave New World
Me impactó tanto el libro "Un mundo feliz" ("Brave new world" en su título original), que no he podido resistir la tentación de transcribir algunos de los párrafos que me han parecido más interesantes (lo mejor es que no lo leas, y leas directamente el libro, pero es posible que estos párrafos te animen a ello). El problema es que los hechos que relata el libro (escrito en 1931) no serán una realidad en unos cuantos cientos de años (como pensaba el preclaro Huxley) sino que están convirtiéndose en realidad (en fase embrionaria) HOY.
Ni soy filósofo, ni un estudioso de la materia, ni tengo la preparación ni el afán de saber adecuado, pero solamente mirando un poco el mundo que me rodea veo como se nos manipula de una manera u otra (para bien y/o para mal). Desde los medios de comunicación (especialmente la tele) se nos inculca la idea de que vivimos en el mejor de los mundos... ¡y lo que es más! ¡que al ser el mejor de los mundos no es necesario cambiar, solamente seguir progresando en el desarrollo tecnológico! Todos los días veo el telediario (no sé para qué), y cada vez percibo que me dan menos información, únicamente veo imágenes (eso sí, muchas imágenes y muy espectaculares), pero sin profundizar en la información (y no es cuestión de tiempo, es la forma de contar las cosas, y si se quiere explicar el cómo, el porqué, y las consecuencias de una noticia). Por otra parte no hablemos de la publicidad, o la propaganda de un modelo de vida.
A mi modo de ver el ideal de un publicista (por lo menos de muchos) sería el condicionamiento tal y como lo plantea Huxley en el libro (desde pequeñitos te repiten miles de veces un concepto simple hasta que te condiciona tu pensamiento y aceptas dicha idea como si fuera un dogma). ¿Cuántas veces has oído eso de "bebe coca-cola"? ¿cuántas veces al día lo están oyendo millones de personas en todo el mundo?. Pues eso.
Vamos hacia un mundo feliz vigilado por el ojo del Gran Hermano (una cosa es que vayamos, otra cosa es que lleguemos), y cualquiera que tenga un poco claro cómo evoluciona la tecnología, puede ver como en un futuro próximo la información podrá ser filtrada, manipulada y extendida como nunca fue posible, gracias a las redes de telecomunicaciones (vaya, si yo soy Ingeniero de Telecomunicaciones, me estoy tirando piedras en mi propio tejado). En realidad esto no es el futuro, es el presente, pero la rapidez con que evoluciona la tecnología hace que esto no sea NADA comparado con lo que se nos viene encima (para bien y/o para mal).
Bueno, todo este rollo se sintetiza en que te leas el libro, y que seamos críticos, no nos traguemos todo lo que nos cuentan, y busquemos nuevas vías de solucionar los problemas (políticos, sociales, etc.) con una sola premisa común: tolerancia entre las diferentes ideas y nada de fanatismos.
Un Mundo Feliz (Aldous Huxley)
Del prólogo:
El remordimiento, y en ello coinciden todos los moralistas, es un sentimiento sumamente indeseable. Si has obrado mal, arrepiéntete, enmienda tus yerros en lo posible y esfuérzate por comportarte mejor la próxima vez. Pero en ningún caso debes llevar a cabo una morbosa meditación sobre tus faltas. Revolcarse en el fango no es la mejor manera de limpiarse.
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Pero volviendo al futuro... Si ahora tuviera que volver a escribir esta obra, ofrecería al Salvaje una tercera alternativa. Entre los cuernos utópico y primitivo de este dilema, yacería la posibilidad de la cordura, una posibilidad ya realizada, hasta cierto punto, en una comunidad de desterrados o refugiados del MUNDO FELIZ, que viviría en una especie de reserva. En esta comunidad, la economía sería descentralista y al estilo de Henry George, y la política kropotkiniana y cooperativista. La ciencia y la tecnología serían empleadas como si, al igual que el Sabbath, hubiesen sido creadas para el hombre, y no (como sucede en la actualidad) el hombre debiera adaptarse y esclavizarse a ellas. La religión sería la búsqueda consciente e inteligente del fin último del hombre, el conocimiento unitivo del tao o logos inmanente, la trascendente divinidad de brahma. Y la filosofía de la vida que prevalecería sería una especie de alto utilitarismo, en el cual el principio de la máxima felicidad sería supeditado al principio del fin último, de modo que la primera pregunta a formular y contestar en toda contingencia de la vida sería "¿Hasta qué punto este pensamiento o esta acción contribuye o se interfiere con el logro, por mi parte y por parte del mayor número posible de otros individuos, del fin último del hombre?"
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Pero Un mundo feliz es una obra literaria acerca el futuro, y , aparte de sus cualidades artísticas o filosóficas, una obra sobre el futuro puede interesarnos solamente si sus profecías parecen destinadas, verosímilmente, a realizarse. Desde nuestro punto de mira actual, quince años más abajo en el plano inclinado de la historia moderna, ¿hasta qué punto parecen plausibles sus pronósticos? ¿Qué ha ocurrido en este doloroso intervalo que confirme o invalide las previsiones de 1931?
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En la actualidad nos hallamos en la primera fase de lo que quizá sea la penúltima revolución. Su próxima fase puede ser la guerra atómica, en cuyo caso no vale la pena que nos preocupemos por las profecías sobre el futuro. Pero cabe que tengamos la cordura suficiente, si no para dejar de luchar unos con otros, al menos para comportarnos tan racionalmente como lo hicieron nuestros antepasados del siglo XVIII. Los horrores inimaginables de la Guerra de los Treinta Años enseñaron realmente una lección a los hombres y durante más de cien años los políticos y generales de Europa resistieron conscientemente la tentación de emplear sus recursos militares hasta los límites de la destrucción o , en la mayoría de casos, para seguir luchando hasta la total aniquilación del enemigo.
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Suponiendo, pues, que seamos capaces de aprender tanto de Hiroshima como nuestros antepasados de Magdeburgo, podemos esperar un período, no de paz, ciertamente, pero sí de guerra limitada y sólo parcialmente ruinosa. Durante este período cabe suponer que la energía nuclear estará sujeta al yugo de los usos industriales. El resultado de ello será una serie de cambios económicos y sociales sin precedentes en cuanto a su rapidez y radicalismo. Todas las formas de vida humana actuales estarán en decadencia y será preciso improvisar otras nuevas formas adecuadas al factor –no humano- de la energía atómica. Procusto moderno, el científico nuclear preparará el lecho en el cual deberá yacer la humanidad; y si la humanidad no se adapta al mismo..., bueno, será una pena para la humanidad. Habrá que forcejear un poco y practicar alguna amputación, la misma clase de forcejeos y de amputaciones que se están produciendo desde que la ciencia aplicada se lanzó a su frenética carrera; sólo que esta vez, serán mucho más drásticos que en el pasado. Estas operaciones, muy lejos de ser inofensivas, serán dirigidas por gobiernos totalitarios sumamente centralizados. Será inevitable; porque el futuro inmediato es probable que se parezca al pasado inmediato, y en éste los rápidos cambios tecnológicos, que se produjeron en una economía e producción masiva y entre una población predominantemente no propietaria, han tendido siempre a producir un confusionismo social y económico. Para luchar contra la confusión el poder ha sido centralizado y se han incrementado las prerrogativas del gobierno. Es probable que todos los gobiernos del mundo sean más o menos enteramente totalitarios, aun antes de que se logre por parte de las sociedades una adaptación al empleo de la energía atómica; y parece casi seguro que lo serán durante el proceso de adaptación al empleo de dicha energía y después del mismo.
Desde luego, no hay razón alguna para que el nuevo totalitarismo se parezca al antiguo. El gobierno, por medio de porras y piquetes de ejecución, hambre artificialmente provocada, encarcelamientos en masa y deportación también en masa no es solamente inhumano (a nadie, hoy día, le importa demasiado este hecho); se ha comprobado que es ineficaz, y en una época de tecnología avanzada la ineficacia es un pecado contra el Espíritu Santo. Un estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Inducirles a amarla es la tarea asignada en los actuales estados totalitarios a los ministerios de propaganda, los directores de los periódicos y los maestros de escuela. Pero sus métodos todavía son toscos y anticientíficos. La antigua afirmación de los Jesuitas, según los cuales si se encargaban de la educación del niño podían responder de las opiniones religiosas del hombre, fue dictada más por el deseo que por la realidad de los hechos. Y el pedagogo moderno probablemente es menos eficiente en cuanto a condicionar los reflejos de sus alumnos de lo que lo fueron los reverendos padres que educaron a Voltaire. Los mayores triunfos de la propaganda se han logrado, no cuando se hacía algo sino cuando se impedía que ese algo se hiciera. Grande es la verdad, pero más grande todavía, desde un punto de vista práctico, el silencio sobre la verdad. Por el simple procedimiento de no mencionar ciertas cuestiones, de bajar lo que Mr. Churchill llama un "telón de acero" entre las masas y los hechos o argumentos que los jefes políticos consideran indeseables, la propaganda totalitarista ha influido en la opinión de manera mucho más eficaz de lo que lo hubiese conseguido mediante las más elocuentes denuncias y las más convincentes refutaciones lógicas. Pero el silencio no basta. Si se quiere evitar la persecución, la liquidación y otros síntomas de fricción social, es preciso que los aspectos positivos de la propaganda sean tan eficaces como los negativos. Los más importantes proyectos Manhattan del futuro serán vastas encuestas patrocinadas por los gobiernos sobre lo que los políticos y los científicos que intervendrán en ella llamarán "el problema de la felicidad"; en otras palabras, el problema de lograr que la gente ame su servidumbre. Sin seguridad económica, el amor a la servidumbre no puede llegar a existir; en aras a la brevedad doy por sentado resolver el problema e la seguridad permanente. Pero la seguridad tiende muy rápido a darse por sentada. Su logro es una revolución meramente superficial, externa. El amor a la servidumbre sólo puede lograrse como resultado de una revolución profunda, personal, en las mentes y los cuerpos humanos. Para llevar a cabo esta revolución necesitamos, entre otras cosas, los siguientes descubrimientos e inventos. En primer lugar, una técnica mucho más avanzada de la sugestión, mediante el condicionamiento de los niños y, más adelante, con la ayuda de drogas, como la escopolamina. En segundo lugar, una ciencia plenamente desarrollada de las diferencias humanas, que permita a los dirigentes gubernamentales destinar a cada individuo dado a su adecuado lugar en la jerarquía social y económica. (Las clavijas redondas en agujeros cuadrados tienden a alimentar pensamientos peligrosos sobre el sistema social y a contagiar su descontento a los demás.) En tercer lugar (puesto que la realidad por utópica que sea, es algo de lo cual la gente siente la necesidad de tomarse vacaciones), un sustitutivo para el alcohol y los demás narcóticos, algo que sea al mismo tiempo menos dañino y más placentero que la ginebra o la heroína. Y finalmente (aunque éste sería un proyecto a largo plazo, que exigiría generaciones de dominio totalitario para llegar a una conclusión satisfactoria), un sistema de eugenesia a prueba de tontos, destinado a estandarizar el producto humano y a facilitar así la tarea de los dirigentes. En Un mundo feliz esta uniformización del producto humano ha sido llevada a un extremo sorprendente, aunque quizá no imposible. Desde un punto de vista técnico e ideológico, todavía estamos muy lejos de los bebés prefabricados y los grupos de Bokanovsky de adultos con inteligencia infantil. Pero ¿quién sabe lo que puede ocurrir alrededor del año 600 de la era fordiana?........
Del libro:
- ¿Por qué no les permite leer a Otelo?
- Ya se lo he dicho: es antiguo. Además no lo entenderían.
Sí, esto era cierto. John recordó cómo se había estado riendo Helmholtz ante la lectura de Romeo y Julieta.
- Bueno, pues –dijo tras una pausa- algo nuevo que sea por el estilo de Otelo y que ellos puedan comprender.
- Esto es lo que todos hemos estado deseando escribir
- dijo Helmholtz, rompiendo su prolongado silencio.
- Y esto es lo que ustedes nunca escribirán –dijo el interventor-. Porque si fuera algo parecido a Otelo, nadie lo entendería por más nuevo que fuese. Y si fuese nuevo no podría parecerse a Otelo.
- ¿Por qué no?
- Sí, ¿por qué no? –repitió Helmholtz.
También él se había olvidado del desagradable motivo que los había reunido. Lívido de ansiedad y de miedo, sólo Bernard lo recordaba; pero los demás lo ignoraban.
- ¿Por qué no?
- Porque nuestro mundo no es el mundo de Otelo. No se pueden fabricar coches sin acero; y no se pueden crear tragedias sin inestabilidad social. Actualmente el mundo es estable. La gente es feliz; tiene lo que desea y nunca desea lo que no puede obtener. Está a gusto, a salvo; nunca está enferma; no teme la muerte; ignora la pasión y la vejez; no hay padres ni madres que estorben; no hay esposas ni hijos ni amores excesivamente fuertes. Nuestros hombres están condicionados de modo que apenas pueden obrar de otros modo que como deben obrar. Y si algo marcha mal, siempre queda el soma. El soma que usted arroja por la ventana en nombre de la libertad, Mr. Salvaje. ¡La libertad! –El interventor soltó una carcajada- . ¡Suponer que los Deltas pueden saber lo que es la libertad! ¡Y que puedan entender Otelo! Pero ¡Muchacho!
El Salvaje guardó silencio un momento.
- Sin embargo –insistió obstinadamente -, Otelo es bueno, Otelo es mejor que esas películas.
- Claro que sí –convino el interventor-. Pero éste es el precio que debemos pagar por la estabilidad. Hay que elegir entre la felicidad y lo que la gente llamaba arte puro. Nosotros hemos sacrificado el arte puro y en su lugar hemos puesto el sensorama y el órgano de perfumes.
- Pero no tienen ningún mensaje.
- Sí, el mensaje consiste en emitir una gran cantidad de sensaciones agradables para el público.
- Los argumentos han sido escritos por algún idiota.
El interventor se echó a reír.
- No es usted muy amable con su amigo, Mr.Watson, uno de nuestros más distinguidos ingenieros de emociones.
- Tiene toda la razón –dijo Helmholtz, sombríamente -. Porque todo esto son idioteces. Escribir cuando no se tiene nada que decir...
- Exacto, pero eso exige un ingenio enorme. Usted logra fabricar coches con un mínimo de acero, obras de arte a base de poco más que puras sensaciones.
El salvaje movió la cabeza.
- A mí todo esto me parece horrendo.
- Claro que lo es. La felicidad real siempre aparece escuálida por comparación con las compensaciones que ofrece la desdicha. Y, naturalmente, la estabilidad no es, ni con mucho, tan espectacular como la inestabilidad. Estar satisfecho de todo no posee el encanto que supone mantener una lucha justa contra la infelicidad, ni el pintoresquismo del combate contra la tentación o contra una pasión fatal o una duda. La felicidad nunca tiene grandeza.
- Supongo que no –dijo el salvaje, después de un silencio -. Pero ¿es preciso llegar a cosas tan horribles como esos mellizos?
- Pero muy útiles. Ya veo que no le gustan nuestros grupos de Bokanovsky; le aseguro que son los cimientos sobre los cuales descansa todo lo demás. Son el giróscopo que estabiliza el avión cohete del Estado en su incontenible carrera.
- Más de una vez me he preguntado –dijo el salvaje- por qué producen seres como ésos, si pueden fabricarlos a su antojo en esos espantosos frascos, ¿por qué no se limitan a fabricar Alfas-Doble-Más?
Mustafá Mond se echó a reír.
- Porque no queremos que acaben con nosotros – contestó -. Nuestro mundo cree en la felicidad y la estabilidad. Una sociedad de Alfas no podría menos de ser inestable y desdichada. Imagine una fábrica cuyo personal estuviese constituido íntegramente por Alfas, es decir, por seres individuales no relacionados de modo que sean capaces, dentro de ciertos límites, de elegir y asumir responsabilidad. ¡Imagíneselo! – repitió.
El salvaje intentó imaginarlo pero no pudo conseguirlo.
- Es un absurdo. Un hombre decantado y condicionado como Alfa se volvería loco si tuviera que hacer el trabajo de un semienano Epsilon; o se volvería loco o empezaría a destrozarlo todo. Los Alfas pueden ser socializados totalmente pero sólo a condición de que se les confíe un trabajo propio de Alfas. Sólo de un Epsilon puede esperarse que haga sacrificios Epsilon, por la sencilla razón de que para él no son sacrificios; nunca oponen resistencia. Su condicionamiento ha seguido unas pautas inamovibles. No puede hacer nada que no sea seguir esas pautas. Aun después de su decantación permanece dentro de un frasco, un frasco invisible, de fijaciones infantiles y embrionarias. Claro que todos nosotros –prosiguió el interventor- vivimos en el interior de un frasco. Pero los frascos de los Alfas son enormes. Nosotros sufriríamos horriblemente si fuésemos confinados en un espacio más estrecho. No se puede verter sucedáneo de champán de las clases altas en los frascos de las castas bajas. Todo lo que le estoy diciendo no es sólo pura teoría, además fue comprobado en la práctica. El resultado del experimento de Chipre fue concluyente.
- ¿En qué consistió?- preguntó el salvaje.
Mustafá Mond sonrió.
- Bueno, si usted quiere, puede llamarlo un experimento de reenvasado. Se inició en el año 73 d.F. Los interventores limpiaron la isla de Chipre de todos los habitantes anteriores y la colonizaron de nuevo con una hornada especialmente preparada de veintidós mil Alfas. Se les otorgó toda clase de utillaje agrícola e industrial y se les dejó que se las arreglaran por sí solos. El resultado cumplió exactamente todas las previsiones teóricas. La tierra no fue trabajada como se debía; había huelgas en las fábricas, las leyes no se cumplían, las órdenes no se obedecían; las personas destinadas a trabajos inferiores intrigaban constantemente por conseguir altos empleos, y las que ocupaban estos cargos intrigaban a su vez para mantenerse en ellos a toda costa. Al cabo de seis años se enzarzaron en una auténtica guerra civil. Cuando ya habían muerto diecinueve mil de los veintidós mil habitantes, los supervivientes unánimemente pidieron a los interventores mundiales que volvieran a asumir el gobierno de la isla, cosa que éstos hicieron. Y así acabó la única sociedad de Alfas que ha existido en el mundo....
El libro grátis en internet
Aquí tienes un par de enlaces que apuntan a la versión electrónica del libro en internet. Lamentablemente el libro está en inglés. Mejor cógetelo en español de alguna biblioteca y... ¡disfruta!
Aldous Huxley : Brave New World
Interesante página, desde la cual tienes todo el libro completo, aunque en inglés, claro.



¿Un mundo feliz?

